LA PLAZA

La conservación fuera del refrigerador

¿Cómo conservaban los alimentos nuestros antepasados? ¿Qué ingredientes no soportan bien el frío de las neveras? Aprende más sobre la conservación de la comida.

En 1858, el ingeniero francés Charles Tellier creó el primer frigorífico. Un invento que transformó el mundo moderno. Es inusual no contar con una nevera en casa, ¿no? Y a muchos asombra que sea un aparato que cuente con poco más de 150 años de historia. Seguro que tú utilizas el frigorífico para mejorar la conservación de los alimentos, pero ¿conoces otros trucos para conservarlos?

 

¿Sabes que hay ingredientes a los que el frío no les sienta nada bien?

 

A eso vamos. Queremos hacer un repaso de las técnicas más utilizadas para la conservación de la comida, así como ver qué productos necesitan frío y cuáles no.

 

Algo de historia. La conservación de los alimentos ha ido siempre ligada a la evolución humana, siendo clave su estudio para poder sobrevivir. Al principio de los tiempos, la comida se recolectaba, cazaba o pescaba y se consumía en el momento. Poco después, los asentamientos humanos se estabilizaron, dejamos de ser nómadas y aprendimos de agricultura. Entonces llegó la necesidad de guardar parte de las cosechas. Los graneros protegían el grano de los animales y se empezaron a construir en el neolítico. La carne, el pescado y algunas plantas se secaban al aire y los fondos de las cuevas servían para los productos que necesitaban un espacio fresco. Después llegaron el azúcar y la sal, las conservas, la fermentación, los conservantes y así hasta nuestros días, donde a pocos nos falta un frigorífico.

 

Técnicas de conservación sin refrigerador

 

Vamos a ver tres técnicas sencillas para poder conservar bien tus alimentos sin necesidad de recurrir a una nevera.

 

  • Sal. Es un producto utilizado para la conservación de carnes y pescados desde hace muchísimos años. Está comprobado que una concentración salina mayor al diez por ciento es más que suficiente para conservar los alimentos. Con la sal, creamos un entorno en el que los microorganismos no pueden sobrevivir, manteniendo alejadas las bacterias. Eso sí, antes de comer algo conservado con sal, conviene lavar bien el producto en agua para desalinizarlo.
  • Fermentación. Con esta técnica conseguimos conservar los alimentos gracias a la creación de bacterias inofensivas para el ser humano, que evitan la proliferación de las malas. Se realiza produciendo una salmuera, con la que consigues una fermentación controlada de las bacterias que quieres conseguir. ¿Te suena el famoso chucrut? No es más que coles fermentadas.
  • Secado. Por norma general, tanto las bacterias como el moho y algunos hongos crecen y se reproducen en entornos húmedos. Si secamos los alimentos, evitaremos su descomposición. Para realizar esta técnica conviene contar con un deshidratador o un horno a baja temperatura. Las frutas se conservan muy bien deshidratadas y con solo rehidratar con agua durante unas horas consiguen retomar su estado original.

 

Alimentos fuera de la nevera

 

Hay alimentos cuyo sabor, olor, color e incluso textura se modifican con el frío, por lo que es preferible evitar su conservación en el refrigerador. Veamos algunos ejemplos:

 

  • Frutas y verduras. Las frutas y verduras tropicales como el aguacate, la piña, las bananas o los mangos son susceptibles al frío. Con bajas temperaturas se ven afectados sus tejidos. Se ponen oscuros y duros. Otras frutas y verduras como el calabacín, la berenjena, los melocotones o las nectarinas tienden a sufrir también con el frío. Eso sí, si hace mucho calor es preferible conservar en nevera por su seguridad.
  • Cebolla, patata y ajos. Tanto la cebolla como los ajos se oxidan con frío. Las patatas aumentan sus niveles de azúcar en la nevera, que a su vez puede provocar un incremento de un producto llamado acrilamida, que es nocivo cuando las patatas se fríen u hornean a altas temperaturas.
  • Chocolate y pan. El chocolate no se guarda en el frigorífico a no ser que tenga un relleno de lácteos. Pierde aroma, textura y sabor. El pan acelera su deshidratación con el frío, por lo que se pone duro.
  • Mantequilla y huevos. La mantequilla no se comporta como un lácteo, ya que contiene mucha grasa. No tiene que estar en el frigorífico necesariamente, porque no es propensa al desarrollo de microbios. Sin embargo, el calor tampoco le viene bien. Los huevos, al contrario de lo que mucha gente se piensa no necesitan frío, solo es necesario que controlemos su fecha de consumo preferente.

 

¿Qué te parece? Nunca te acostarás sin saber una cosa más, ¿verdad? No siempre existieron los frigoríficos y aún así, desde el principio de los tiempos se conservan los alimentos. Así que ya sabes: si alguna vez se te va la luz, que no cunda el pánico. La conservación es posible sin refrigeración.